El concepto «handmade» en la construcción de un piano
Cuando hablamos del concepto handmade pianos nos acercamos al principio taibou: austeridad del artesano;
principio que va de la mano del respeto, disciplina y rigor, junto al
compromiso ikigai, necesarios en la construcción de un instrumento. Y
preferimos hablar de construcción (o realización) en lugar de fabricación, ya
que este último término responde a una producción masiva, en serie, a menor
costo y en menor tiempo, que nada tiene que ver con lo hecho a mano.
Ligado
a ello, surge la pregunta insoslayable sobre quién hace el piano. Es decir, la
mano de obra comprometida (la cual, además, atiende a procesos y etapas que hemos
mencionamos en entradas anteriores: ver «Sobre la construcción de pianos...
» y «Sobre los vendedores de pianos... »).
Un
instrumento, hecho a mano y, por supuesto, por un artesano, nos remite a
aquellos antiguos pianos alemanes realizados durante un tiempo único e
irrepetible. ¡¿Quién puede negar la excelencia de esos pianos?! Las décadas
comprendidas entre 1890 y 1930, en Alemania, son un ejemplo del concepto handmade pianos, por el cual la producción de este instrumento era producto del quehacer de experimentados artesanos. Estos, con fidelidad
absoluta al fin del instrumento y a través de un trabajo minucioso y preciso,
sin estridencias y en continuo diálogo con los materiales más
nobles , realizaban un instrumento exquisito, de superioridad indiscutible.
Handmade pianos es observar el detalle, revisar lo hecho,
involucra aprendizaje continuo y experticia. Un conocimiento inacabado que se
enriquece con cada pieza y en cada mínimo gesto. Handmade pianos es austeridad
y humildad, observadas en el respeto por
la materia prima que la naturaleza ofrece: no hay derroches, el artesano conoce
cada madera y su necesidad, respeta su tiempo de maduración para obtener los
mejores resultados. Handmade pianos lleva consigo una inmensa gratitud, que es puro júbilo
por el proceso de trabajo y complacencia por el instrumento logrado.
Asimismo,
este concepto nos interroga sobre una diferencia fundamental que debemos
desarrollar: lindos pianos (como objeto bello y expresión de «alta cultura») y
un instrumento musical. Hacemos hincapié es estos conceptos, ya que han
ocasionado mucha confusión, sobre todo en el mercado latino.
«Lindos
pianos» versus un instrumento
Sin
lugar a dudas, la estética es un valor importante cuando vamos a adquirir un
piano. Pero, no es el único. Y, por cierto, es prioridad la estética en el
interior del instrumento.
¿Cómo
se ve el piano por dentro?
Lejos
de los brillos externos que pueden encandilarnos al ver un lindo piano, existe
una estética que refiere a la armonía, ¡requisito fundamental!, que debe caracterizar
el complejo mecanismo del instrumento. Internamente, sus partes (en apariencia
y función) deben estar integradas equilibradamente: macillos, que
producen la vibración de las cuerdas y estas, a través del puente,
el sonido; caja de resonancia donde se amplifica el sonido gracias a la tabla
armónica, la tabla superior y el bastidor. Solo así,
estaremos en presencia de un instrumento musical y no únicamente de un lindo
piano brillante que puede lucir bonito. Esta armonía perfecta se logra a través
del trabajo de probos artesanos que aplican conocimiento, experiencia y rigor para
que el instrumento cumpla su cometido al ser ejecutado por el artista o
aficionado experto.
Entonces,
¿con solo un lindo piano no puedo hacer música? ¿Acaso un artista callejero no
hace música con una lata vacía?
Ya
dijimos que la estética es un valor buscado, pero no el único y mucho menos el
más importante. Los «lindos pianos», con sus acabados brillantes y líneas
minimalistas, muy actuales, (fabricados en países asiáticos como China e
Indonesia), están muy lejos de colmar las expectativas del músico y frustran,
tarde o temprano, el aprendizaje del estudiante. Pueden decorar un salón, pero
no esperemos mucho más de ellos.
¿Por
qué decimos esto? Porque los materiales y mano de obra utilizadas y los tiempos
de fabricación, como hemos explicado en otras entradas, no responden a la esencia del instrumento.
Esta constituye el valor precioso que permite al artista expresar su arte a
través de un lenguaje desarrollado y ejercitado y un código específico.
El
artista callejero talentoso podrá brindarnos unos sonidos agradables con una
lata vacía y otros elementos. Podemos encontrar música en todo: el viento entre
los árboles, el murmullo de las olas al acariciar la arena...; pero la sofisticada complejidad de un instrumento tiene un destino más grandioso, espléndido..., acaso tan
sublime como humilde: la creación y recreación del artista y la música.
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